SAMIGUEL VI: GROC




Hace algunos años Eastriver, un bloguero que, como yo, tenía las costumbres de cambiar de blog y desaparecer por temporadas (tanto que aunque lleva tres años largos en modo pausa todavía no perdí la esperanza de que vuelva)  publicó un post titulado "Groc". Contaba como el niño que había sido pintó una vez  un sol verde en vez de amarillo. Yo entonces no sabía que groc significa amarillo en catalán ni hasta que punto aquel post delicioso, escrito con tanta gracia como ternura, con tanta melancolía como elegancia, iba a catalanizar mi percepción del amarillo. Desde entonces, sobre todo en otoño, el amarillo para mí sólo puede ser "groc". Eastriver, que también es maestro como ella, era uno de los muchos amigos de Paradela y, seguramente, uno de los más dolidos por su ausencia.


Cuando era niña y creía a pies juntillas en el ángel de la guarda, recuerdo haberme enfrentado a Dios algunas veces para reprocharle amargamente que otros críos tuvieran un auténtico ángel de la guarda y a mí, en cambio, me hubiera enviado un becario indolente y cobarde con nulo sentido de la iniciativa y la creatividad y una perversa vocación de funcionario español de caricatura. Sólo así, pensaba yo, se podía explicar tan mala suerte. Me pusiste un becario y encima con eso de que hay que perdonar setenta veces siete te cubriste la espalda, le gritaba a aquel ojo implacable, rencoroso, que vivía en su triángulo. 


Ahora que ya no tengo Dios (aunque sospecho que eso no me ha librado del becario) si que tengo un ángel que más que de la guarda lo es de la compañia; Paradela. Pienso en ella siempre que me encuentro riéndome a carcajadas de algo de lo que también ella se reiría, o que un libro, una canción, una fotografía me llegan a conmover,  pienso en ella cuando veo a esas mujeres que canturrean mientras trabajan en los huertos y también cuando los titulares de los periódicos me avergüenzan y me indignan, pienso en ella  cuando recojo las manzanas en octubre y cuando  imagino mi limonero echándola de menos tanto como yo.... Pensé mucho en ella, mucho, cuando hice esta foto; todo el otoño abrazado, o cautivo, en la cardencha y tan groc como el sol de Eastriver.