SI TÚ QUISIERAS GRANADA VII: ALHAMBRA





Recuerdo que alguien, en el foro de nikonistas, decía que la fotografía era el arte de disfrutar de estar permanentemente frustrado. Ni conozco una definición mejor ni creo que exista. Me dio mucha rabia que no se me ocurriera a mí  porque la mayor parte del tiempo es así como me siento. Generalmente la realidad, tan tozuda siempre, se obstina en permanecer firmemente atornillada a las antípodas del deseo y cuando el deseo es mayor ella se las arregla para que la distancia con él crezca también. En proporción directa.

La Alhambra es posiblemente el lugar donde hacer fotografías me ha resultado más díficil. Su abrumadora belleza parecía conspirar contra mi, volverme más  torpe, más  previsible, todavía mucho  más  incapaz. La luz rotunda y  brutal de los mediodías de Junio no ayudaba y mis gremlins, el calor y la multitud de gente que, para mi desconsuelo, escogía hacer justo las mismas fotos que yo, y empujarme, y tenderme sus móviles para que los fotografiese a ellos (mientras yo ponía mi más hipócrita sonrisa sin dejar de pensar cuánta razón tenía aquel fulano Sartre con lo de que el infierno son los demás) terminaron por hacerme abandonar (rendirme no, eh? Que soy del atleti). Volveré.

Pero es una serie sobre Granada, alguna de la Alhambra tenía que haber. He escogido esta porque es la única un poco original y porque no me atreví a besar la de las ranas de El Generalife... no vayan a  convertirse en borbones.